ACERCATE A CARLOS MARX

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el capitalismo,por karl marx

PASIONARIA SIEMPRE

viernes, 28 de diciembre de 2007

La factura petrolera y el desarrollo

Fidel Castro Ruz

Chávez lo dijo con toda claridad en Riad: la factura de petróleo y gas de los países en desarrollo alcanza el millón de millones de dólares. Propuso a la OPEP, que estuvo a punto de ser disuelta antes de la llegada al poder del gobierno bolivariano —que la presidió y preservó a lo largo de 8 años—, asumir el papel para el cual fue creado el Fondo Monetario Internacional y nunca cumplió.

El dólar está en caída libre, expresó. Nos pagan con papeles. Podemos y debemos garantizar el combustible tanto a los países desarrollados como a los que luchan por desarrollarse y necesitan importarlo. La OPEP puede dar créditos para el desarrollo con largo periodo de gracia y solo el 1 por ciento de interés anual, de modo que los países pobres paguen con los bienes y servicios que sean capaces de producir. Mencionó la cifra de 5 mil millones de dólares como ayuda al desarrollo que Venezuela presta a los países caribeños que necesitan desesperadamente importar esa esencial materia prima.

Chávez puede añadir un ejemplo ilustrativo que Cuba conoce bien: con lo que cuesta a fines del año 2007 importar un barril, en 1960 se podían adquirir 13,52 toneladas de petróleo ligero, incluido transporte, es decir, casi 50 veces más que ahora. En tales condiciones, un país como la República Bolivariana de Venezuela continuaría siendo un suministrador de combustible, un recurso no renovable, casi regalado a Estados Unidos. La tierra continuaría hundiéndose en algunas cuencas al faltar el subsuelo petrolero.

Comprendo cuánto tiene que romperse la cabeza sacando cuentas y cuán justos y nobles son sus sentimientos de igualdad y justicia para los pueblos de la que Martí llamó nuestra América y Bolívar, en la lucha contra el imperio español, calificó de una sola nación.

En aquella época se mantenía todavía el equilibrio. No existía la diabólica idea imperial de convertir los alimentos en combustible ni los cambios climáticos descubiertos y comprobados por las ciencias.

El Titán de Bronce, Antonio Maceo

Fidel Castro Ruz

Estoy en deuda con él. Ayer se cumplió otro aniversario de su muerte física. Existen más de cuarenta versiones diferentes del hecho, pero todas coinciden en varios detalles de gran interés.

A Maceo lo acompañaba el joven Francisco Gómez Toro, que había arribado a Cuba por el oeste de Pinar del Río con la expedición al mando del general Rius Rivera. Herido anteriormente en un brazo, Panchito viajó con Maceo de una orilla a otra de la entrada de la bahía de Mariel. Con ellos iban 17 aguerridos oficiales de su Estado Mayor, marinos del bote y un solo hombre de su escolta.

Ese día 7, en las proximidades de Punta Brava, en su improvisado campamento, Maceo y sus oficiales escucharon el relato del autor de Crónicas de la Guerra José Miró Argenter, sobre las acciones del combate de Coliseo, donde la columna invasora derrotó a las tropas del general Martínez Campos. Desde hacía varios días Maceo sufría de una fiebre epidémica alta y dolores en todas sus heridas.

Alrededor de las 3 de la tarde se oyeron fuertes disparos a unos 200 metros del campamento ubicado al oeste de la ciudad de La Habana, capital de la colonia española. Maceo se indigna por el sorpresivo ataque, ya que había ordenado la exploración constante, como era habitual en sus expertas tropas. Reclama un corneta para dar órdenes; no estaba disponible en ese instante.

Salta sobre el caballo y se dirige al enemigo. Da órdenes de abrir una brecha en la cerca de alambre que se interponía entre él y los atacantes. Ante la aparente retirada del enemigo, exclama “esto va bien” segundos antes de que una bala le cercenara la carótida.

Panchito Gómez Toro, al conocer la noticia, llega desde el campamento, dispuesto a morir junto al cadáver de Maceo. Intentó suicidarse cuando se vio cercado y a punto de caer prisionero. Antes escribe una brevísima y dramática nota de despedida a su familia. La pequeña daga, única arma que llevaba consigo a falta de revólver, no penetró lo suficiente con la fuerza de la mano disponible. Un soldado enemigo, al ver que alguien se movía entre varios muertos, casi le desprende la cabeza con un tajo de machete por el cuello.

Cunde la desmoralización con la muerte de Maceo en las fuerzas patrióticas, que eran en su mayoría soldados bisoños.

El coronel mambí Juan Delgado, del Regimiento de Santiago de las Vegas, al conocer lo ocurrido salió en busca de Maceo.

El enemigo había tenido en sus manos el cadáver, despojándolo de sus objetos personales sin darse cuenta de que era el de Maceo, conocido y admirado en el mundo por sus hazañas.

La tropa encabezada por Juan Delgado, en gesto valiente, rescató los cuerpos sin vida de El Titán y su joven ayudante, hijo del General en Jefe Máximo Gómez. Los enterraron después de largas horas de marcha en la altura dominante de El Cacahual. Los patriotas cubanos no dijeron entonces una palabra del valioso secreto.

El rostro ceñudo de Martí y la mirada fulminante de Maceo señalan a cada cubano el duro camino del deber y no de qué lado se vive mejor. Sobre estas ideas hay mucho que leer y meditar.


jueves, 27 de diciembre de 2007

Inversión, dialéctica y métodos

Salvador López Arnal

[...] Cita [Lassalle] una frase de “Heráclito el Oscuro”, en la cual éste, para ilustrar la reversión de todas las cosas en su contrario, dice: “Así, el oro se transforma en todas las cosas, y todas las cosas se transforman en oro”. El oro, dice Lassalle, es dinero aquí (c´est juste), y el dinero, valor. Es decir, lo ideal, lo general, la unidad (valor), y las cosas son lo real, lo particular, la pluralidad. Aprovecha esta sorprendente noción para ofrecer, en una extensa nota, an earnest of his discoveries in the science of political economy [un pregusto de sus descubrimientos en la ciencia de la economía política]. Cada palabra es un error, pero expuesto con notable pretensión. De esta nota deduzco que el tipo tiene la intención de exponer hegelianamente la economía política en su segunda gran opus. Con dolor habrá de aprender que una cosa es, mediante la crítica, llevar sólo una ciencia hasta el punto adecuado en que se la pueda exponer dialécticamente, y otra muy distinta es aplicar un sistema abstracto y acabado de la lógica a nociones precisamente de un sistema semejante. Pero, tal como te escribí de inmediato ante su primera carta de entusiasmo para consigo mismo, los hegelianos antiguos y los filólogos han de haber estado, en efecto, pleased de hallar una naturaleza tan antigua en un hombre joven, a quien se considera un gran revolucionario. Además, distribuye sonrisas y reverencias a diestra y siniestra, a fin de asegurarse una acogida favorable. En cuanto haya hojeado esa cosa, te la enviaré también a ti” (Marx a Engels (1/2/1858), MEW 20, 274-275).

Manuel Sacristán: Me parece que tengo un texto definitivo para mi idea del uso correcto de ‘dialéctica’ en MEW 20, 275 (carta de Marx a Engels, 1/2/1858). El punto más necesitado de aclaración es la frase del primer paso. Por ahora la interpreto así: hay que criticar los datos y su sistematización estática. El método dialéctico es de exposición. No se puede meramente aplicar. Marx da por supuestos los hechos, el conocimiento. Pero se trata de criticarlo. Es el pésimo lado de la crítica, el resto de hegelismo joven 1 .

Como apunté en mi intervención anterior, Ricardo Rodríguez ha publicado en las páginas de rebelión el 23 de diciembre de 2007 un excelente e informado artículo: “Doctrinarios y barcos a la deriva”. Me gustaría añadir una nota complementaria, que creo consistente con la línea que él defiende en su contribución, sobre método y dialéctica marxista en la interpretación defendida por el filósofo marxista, lógico matemático, traductor, profesor y dirigente comunista Manuel Sacristán. Me basaré para ello en una conferencia, hasta ahora inédita, de inicios de los setenta 2 , señalando, remarcando incluso, que el lector no está, pues, ante un texto escrito por Sacristán sino ante una trascripción de sus palabras 3 .

Fue concretamente en 1973, en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Barcelona, cuando Sacristán, en sesión organizada por Juan-Ramón Capella, ausente aquel día por “enfermedad”, esto es, por persecución de la brigada político-social franquista, dictó una conferencia “Sobre la dialéctica”. El tema, como es sabido, le acompañó a lo largo de los años. Su último curso de metodología de las ciencias sociales de 1984-1985 estuvo centrado en este polisémico concepto, sobre el que en 1983, en una entrevista para La Vanguardia, comentaba: Su enfoque totalizador [el de Marx], lo que con léxico hegeliano se llamaría dialéctico, ha hecho época en las ciencias sociales y está tan vivo como el primer día. Igualmente, dos meses antes de su fallecimiento, en carta a Adolfo Sánchez Vázquez de junio de 1985, señalaba: Si consigo reunir a tiempo energía suficiente, enviaré un trabajo sobre dialéctica que tenia pensado para tu jubileo.

En esta intervención en la UAB4, después de comentar sucintamente el uso de la noción en Heráclito y Platón y las novedades de la categoría en Hegel, se centró Sacristán en el análisis de la concepción joven-marxiana y en la metáfora de la inversión.

Advirtió inicialmente que si bien la relación Hegel-Marx no era una cuestión simple, no había ninguna duda de que el pensamiento marxiano provenía genéticamente de Hegel. Negarlo, como hacían entonces algunas escuelas marxistas, era lo mismo que afirmar que la suma de 2 más 2 fuera 18, 23 o lo que se quisiera. Marx había aprendido del autor de la Fenomenología y usaba su léxico. Sostener lo contrario era falsear los hechos por un supuesto cientificismo que, en el fondo, no era tal sino desinformación o, peor aún, puro sectarismo.

Ahora bien, aun aceptando que la dialéctica marxiana proviniera de la hegeliana no por ello debía inferirse que fueran una y la misma cosa. Génesis no era, no es estructura.

Generalmente, proseguía, la relación entre ambos era presentada con la metáfora de la inversión. Consistía en afirmar que Marx prescindía del sistema hegeliano, pero que conservaba su método invirtiéndolo. En el Marx epicúreo el punto de partida no era lo ideal sino lo real-empírico. Ya en 1843 había formulado el joven Marx su primer comentario crítico y en él aparecían afirmaciones que avalaban esa línea interpretativa:

La familia y la sociedad civil son los presupuestos del Estado. Ellas son los elementos propiamente activos, pero en la especulación [es decir, en el sistema de Hegel, aclaraba Sacristán] sucede a la inversa.

Hegel había sostenido que el Estado era la base de la familia y de la sociedad, mientras que para Marx era el Estado lo fundamentado en aquéllas.

Empero, si sólo se destacaba esta inversión, se ignoraba entonces, señalaba inmediatamente Sacristán, otro tipo de crítica que Marx había formulado también muy tempranamente. En ese mismo texto de Marx, podía leerse: Lo importante es que Hegel hace en todas partes de la Idea el sujeto y del sujeto real o propio el predicado.

Este último paso le permitía a Sacristán construir su propia interpretación. Ante el hecho de que los griegos habían tenido una cultura muy geométrica, un historiador empirista se limitaría a constatarlo; un historiador materialista5 buscaría las causas de ello y, muy probablemente, estudiaría la base agrícola de esa cultura; en cambio, proseguía Sacristán, Hegel lo que sostiene es que el Espíritu de Geometría se realiza a sí mismo en Grecia. El sujeto ya no es el individuo -los griegos, materialmente viviendo, que son geómetras- sino el predicado, y a la inversa. Hegel no dirá, pues, que “Los griegos han sido geómetras” sino que “La Geometría es griega”, que la Edad de la Geometría es la Edad griega.

Hasta aquí, hasta esta primera parte del enunciado marxiano, seguiríamos en la socorrida idea de que hay que invertir a Hegel para obtener una dialéctica materialista. Pero, Sacristán proseguía su lectura señalando que Marx añadía a continuación: “Pero de hecho el proceso va siempre por el lado del predicado”. El autor de los Manuscritos estaba diciendo que Hegel sostenía en teoría, sólo en la teoría, la inversión de sujeto y predicado (Grecia-Geometría), pero en su práctica teórica lo que hacía propiamente es historia de los griegos, y el proceso seguía entonces por el lado del predicado. Con ello, el supuesto Hegel idealista, el autor especulativo por antonomasia, tenía riqueza y fuerza empíricas porque, a la hora de la verdad, desarrollaba el predicado -los hechos, la vida material griega- aunque en teoría no los considerara propiamente sujetos.

Pero había más en opinión de Sacristán. La crítica que Marx había formulado a Hegel era una crítica en dos frentes. No sólo le reprochaba su falseamiento de lo real, de lo empírico, convirtiéndolo en ideal, sino que discrepaba de él, además, por transformar frecuentemente lo ideal en empírico. Cuando Hegel sostenía que “la edad de la Geometría era Grecia”, Marx pensaba que no sólo se estaba deformando la realidad griega sino también la idealidad de la propia ciencia geométrica. No se trataba sólo de invertir, de poner la Geometría donde estaban los griegos y viceversa, sino de reconstruir los dos polos, dado que al cambiar el sujeto por el predicado Hegel había falseado no sólo uno sino los dos elementos. Esta observación solía pasarse por alto, impidiendo pensar correctamente el tema si nos limitábamos a la usual metáfora de la inversión.

Marx no sólo dijo, pues, que la dialéctica hegeliana invertía los hechos sino también que falseaba la Geometría misma porque, para hacer plausible la afirmación de que “la Geometría es griega” o que “la Idea se hace Geometría en Grecia”, no tenía más remedio que forzar la idea de Geometría para “embutirla” en los datos griegos, falseando simultáneamente de este modo la vida griega real y la idea de Geometría.

Así, pues, en la lectura de Sacristán, no se trataba sólo de invertir sino de recomponer los dos extremos, “obteniendo” de esta modo la dialéctica marxiana de la hegeliana.

Como nota final de su comentario, Sacristán recordó que muy pronto la dialéctica de Marx aplicaría al pensamiento de Hegel una crítica que normalmente se suponía que había dirigido sólo a la filosofía de Feuerbach. La consideración de que el verdadero conocimiento se consumaba en la práctica, no tan solo en la contemplación teórica. Marx no sólo había sostenido que tenía que invertirse el idealismo hegeliano sino que tenían que recomponerse los dos polos de la relación y, además, para llegar al punto final, había “que resolver ese conocimiento en la consciencia práctica, en la vida cotidiana y en la práctica revolucionaria, transformadora”. Recuérdese que la noción de práctica de Sacristán, nada simple, muy matizada, fue también esencial en su marxismo y en sus posiciones políticas.

Hasta aquí el tema de la inversión Hegel-Marx. En cuanto a dialéctica y método es necesario trasladarse al coloquio de la conferencia. La tercera cuestión que se le formuló a Sacristán fue una larga e interesante pregunta sobre el problema de la operatividad del pensamiento dialéctico, que se centraba esencialmente en el ámbito del derecho y de los condicionamientos sociales. Citó en su exposición a Hesse, Platón, Heráclito y Cerroni. Al final hizo referencia al neopositivismo y a Wittgenstein, y planteó la posibilidad efectiva de realización de los objetivos de la dialéctica.

Sacristán, mostrando su agradecimiento por la pregunta, admitió: “Sí, pero casi habría que volver a empezar; quiero decir, esto es todo el tema” y empezó a construir su respuesta señalando:

Yo arrancaría de la aceptación de lo principal que me parece que es la palabra “sueño”. Si hubiera hecho la última parte de la conferencia, que me ha parecido que era oportuno desistir, habría podido exponer lo que es mi comprensión fundamental de la noción de dialéctica.

Aquí cabe destacar los elementos mas importantes de la larga, rigurosa e improvisada respuesta de Sacristán:

1. No existe ningún método dialéctico.

Yo no creo que haya un método dialéctico, usando la palabra “método” en el mismo sentido tecnificado en que la usamos, aproximadamente, desde Descartes; es decir, la palabra “método” era una palabra cómodamente laxa, aproximadamente, hasta Descartes. Se encontraba casi con el mismo valor en autores que hoy llamaríamos científicos; por ejemplo, Arquímedes 6 (…) Repito: en personajes a los que consideraríamos hoy científicos como Arquímedes, o como toda la escuela geométrica de Megara, y en autores que hoy llamaríamos moralistas o pedagogos o, incluso, místicos.

En el texto clásico en el que ha nacido de un modo documentable históricamente el problema del método -que es el Poema de Parménides- literalmente está usado en los dos sentidos: se habla de camino hacia el saber, al mismo tiempo que de camino hacia la salvación. Las metáforas del camino eran tan propias del hombre religioso o del moralista como del científico, o como del político, entendido como un tipo especial de moralista el autor de política, incluyendo por supuesto en el concepto de moralista a Maquiavelo, no en un sentido parcial de moralismo.

En cambio, desde Descartes y desde la cristalización del álgebra moderna, o sea, desde Viète y Descartes, la palabra “método” adquiere, en primer lugar, una frecuencia ya natural del uso en plural. Entonces se empieza a hablar de métodos (antes no, era más frecuente el uso en singular) y luego una gran precisión de descripción: existe el método de los algebristas, existe, sobre todo a partir de Descartes, el método geométrico en el sentido cartesiano, o sea la geometría analítica, el pasar las nociones geométricas a nociones algebraicas. Eso sí que lo habéis hecho seguro en enseñanza media; las ecuaciones de una recta, las ecuaciones de una curva, o de tal o cual curva o de tal o cual recta. En este sentido muy preciso de método, yo no creo que se pueda decir método dialéctico, en ese sentido moderno inventado por la cultura burguesa moderna.

2. Vindicación del significación usual de método

Ante eso cabe opción entre decir: fuera este sentido estrecho, rígido, de método que han inventado la ciencia y la filosofía burguesas, desde Descartes en adelante, y vamos a una noción antigua de método, o bien decir: la dialéctica no sirve para nada porque no es operativa en el sentido de esos métodos el pensamiento dialéctico.

Yo pienso que es equivocado, sectario y anulación de la historia, decir: vamos a suprimir el uso exacto de la palabra “método”, es decir, vamos a no llamar ya nunca más método a las varias técnicas, por ejemplo, de resolución de sistemas de ecuaciones 7 (…) Bien, a eso se le llama método en sentido preciso, desde Descartes, en la cultura burguesa, a una serie normada de operaciones, de manipulaciones atómicas, por así decirlo, simplicísimas, que toda persona competente puede realizar del mismo modo, obteniendo el mismo resultado, si parte de los mismos datos.

3. Definición y vindicación de la historia.

En ese sentido estricto inventado por la cultura burguesa, y por la filosofía de la ciencia burguesa, método es un conjunto de operaciones muy simples, normadas en el sentido de que como son muy simples todos las podemos practicar del mismo modo sin necesidad de ser genios ni poetas ni filósofos, nos basta con saber la ciencia básica de la burguesía, contabilidad -que es verdad, no es una chiste, es la pura verdad, sobre esa base está montada, sobre la idea de que las cuentas sean claras-, operaciones que están muy normadas por lo claras y porque su orden de sucesión está previsto. Primero se hace esto, después se hace lo otro. Primero se escribe la incógnita, después se escribe la expresión conocida y, en medio, se ponen dos rayitas horizontales, si pueden ser de la misma longitud mejor, y que cada cual, por lo tanto, con sólo que sea competente, puede repetir del mismo modo, obteniendo los mismos resultados si parte de los mismos datos. Éste es el ideal de método de la cultura burguesa, de la sobrestructura ideológica burguesa.

La actitud que consiste en despreciarlo, en decir: “¡fuera!, eso no es método”, me parece equivocada. Es perder historia, sería como rechazar las técnicas de fundición del acero porque han inventado los burgueses las técnicas modernas, porque las ha inventado la cultura burguesa. Sería olvidarse de todo el capítulo del Manifiesto Comunista en el que Marx y Engels hacen el catálogo de los grandes méritos históricos del capitalismo.

Por tanto, creo que es digno de conservación ese uso de la palabra “método” como sucesión normada de operaciones simples, tales que toda persona competente, si parte de los mismos datos, puede llegar con su ayuda a los mismos resultados.

4. La vida y limitaciones metodológicas

No me parece abandonable, pero me parece que si uno tuviera que vivir sobre la base de esos métodos, lo mejor era pegarse un tiro rápidamente, porque esos métodos no sirven más que para contar, medir y pesar. Aquel que reduzca su vida a contar, medir y pesar o a la sublimación del contar, medir y pesar, que es la operatividad de la filosofía de la ciencia burguesa, ése ya puede ir contento. Le basta. Si su vida se reduce a eso, al contar, medir y pesar y a la sublimación del contar, medir y pesar que es la operatividad definida por toda la tradición neopositivista, desde Mach hasta Carnap, entonces ya va bien, le basta. Creo que, de todas maneras, seríamos mayoría los que nos pegaríamos un tiro si nos quedáramos reducidos a eso.

5. Vindicación de los sueños

Entonces, efectivamente, hay el sueño, como decía mi colega, de ir a por más. Por supuesto, claro que es un sueño, es un objetivo. En mi opinión, no hay un método dialéctico, sino una aspiración dialéctica, un objetivo dialéctico, un pensar con objetivos dialécticos, pero no hay más métodos normados que los que podemos inventar trabajando como si fuéramos positivistas, decías tú, yo rectificaría: como si fuéramos científicos positivos. No tengo que ser positivista para hacer álgebra, hay muchos algebristas que no son positivistas en absoluto. El más rojo, y más simpático, por otra parte, de los intelectuales marxistas franceses es un algebrista, un gran matemático 8 .

(…) Entonces pienso: no existe un método dialéctico, existe un pensar dialéctico por objetivos dialécticos, entre los cuales están los objetivos de totalización, de conseguir visión total, visión del todo.

6. La operatividad

Esto del “todo” es una palabra ambigua que se puede precisar. Antes de eso querría repasar la intervención que ha hecho mi colega, en puntos de detalle, antes de desembocar en lo que yo consideraría mi personal respuesta para ir tirando y no más.

Que haya operatividad, en el sentido de la filosofía de la ciencia moderna, en un pensamiento dialéctico: no, ninguna; precisamente para que sea operativo, en el sentido de la teoría de la ciencia burguesa contemporánea, un razonamiento, un pensamiento, tiene que ser particularísimo. Todo menos totalizador. Al contrario, tiene que evitar totalidad absolutamente, tiene que ser abstracto, lo más singular posible, tiene que ir a buscar, en el caso ideal, un experimento in crucis, que se decía en la época de euforia de este pensamiento, de esa filosofía burguesa del conocimiento, la idea de que existan experimentos capaces de refutar o comprobar cada tesis, puntualmente (Dicho sea de paso, nos servirá para luego, esto es ya una esperanza abandonada por la misma teoría burguesa del conocimiento, ya en la forma de experimento in crucis de los siglos XVI, XVII, XVIII y principios del XIX, ya en la forma de verificación sensorial exacta que es la formulación del neopositivismo de los siglos XIX y XX, en las dos formulaciones está abandonada. Lo que, dicho sea entre paréntesis, quiere decir que la idea de operatividad exacta también ella se presenta ya como mero ideal postulado. Ya no hay positivista capaz de afirmar que existe la operatividad plena, pura, porque ha tenido que ir abandonando sucesivamente las ideas de experimento in crucis o crucial, para decirlo menos pedantemente, y de verificación empírica o sensorial).

7. Sabiduría oriental.

Si vamos al final... pero no, vamos primero a los detalles. Que en la sabiduría oriental hay pensamiento de tipo dialéctico, sin duda, porque también es un pensamiento que intenta totalizar, mucho más por supuesto en el caso de las fuentes, en Lao-tsé frente a Confucio, que no era nada totalizador, en las escuelas heterodoxas hindúes frente a la ortodoxia de Sankara, que tampoco era nada totalizador, pero hay la aspiración a globalidad, a ver la vida entera y no sólo el detalle técnico administrativo y etiquista a lo Confucio o el aspecto puramente teórico, a lo Sankara, en la ortodoxia brahmánica, sino a ver todo lo demás. En el caso de Lao-tsé, a hacer metafísica para decirlo en plata, a hablar del mundo y no sólo de la política, de las ciudades y de la moral, como en la tradición confuciana, y en el caso de las escuelas heterodoxas hindúes, la aspiración a recoger lo que no es teoría, lo que son, pues, técnicas, por ejemplo en el Nyaya, o artes en otras corrientes hindúes heterodoxas 9 . En forma de sueño, como decías tú, en forma de aspiración.

8. Diferencias con el sueño de Occidente

Esto hace en mi opinión una importante diferencia respecto del mismo sueño dialéctico en Occidente. En Occidente, el capitalismo y la civilización burguesa nos han regalado la idea, el modelo, el prototipo de ciencia, de ciencia positiva, lo que permite utilizar, digerir, los resultados materiales y metodológicos de ese invento capitalista, igual que de la industria, igual que de las técnicas, para la realización de la aspiración dialéctica. Dicho de otro modo: un pensamiento dialéctico europeo-occidental -aunque sea en Oriente, por ejemplo, en Pekín-, en vez de partir de la simple experiencia vivida, como Lao-tsé o como las escuelas heterodoxas hindúes, puede partir ya de la experiencia elaborada por la ciencia, que sería, en mi opinión, lo característico de la dialéctica marxista, el ser una dialéctica que sabe, que no puede arrancar de cero, como la de Hegel, inventándose a sí misma, sino que tiene que arrancar de algo previo; a saber, de datos no dialécticos pero ya elaborados científicamente, en alguno de los numerosísimos usos de la palabra “científica”. Concretamente, en el inventado por la burguesía de finales del capitalismo mercantil y principios del capitalismo industrial.

9. Aspiración “artística”

Que sea más artística que teórica la aspiración es frase que puede ser confusionaria para alumnos de primero. Yo la aceptaría siempre que por artístico se entendiera no intuitivo, sino, como decían los griegos, poiético, o sea, productivo, creador de producto. Con otras palabras, siempre que se comprendiera que el objetivo de un pensamiento dialéctico pasa por fuerza por una intervención del sujeto que totaliza. Consiguientemente, es en gran parte producto, no reflejo, como con un error histórico siniestro suelen decir los rusos cuando se refieren a la teoría dialéctica o a una concepción dialéctica del conocimiento, por un lapsus lingüístico procedente de la formación burguesa dieciochesca de Lenin (en filosofía, se entiende).

10. Contra el reflejo

Esta palabra “reflejo”, para hablar de lo que es el conocimiento, es literalmente lo contrario de lo que puede ser un pensar dialéctico. Pero al pie de la letra. Un pensar dialéctico tiene que ser por fuerza poiético, en sentido griego, es decir, productivo, creador, no reflector. Lo que ocurre es que en el caso moderno puede ser productivo a partir de productos previos que tienen una aspiración de reflejo, los de las ciencias positivas, en vez de partir de la experiencia bruta de la vida cotidiana, como en el caso de la aspiración dialéctica oriental. De la vida cotidiana o de la vida psíquica muy finamente observada, pero, en cualquier caso, no con criterios correctores científicos intersubjetivos.

11. Atributos dialécticos

Dejando aparte, pues, el caso de Cerroni 10 , que probablemente no es un científico positivo sino un filósofo, aquello de que los juristas que intentan hacer dialéctica, o pensamiento dialéctico, a la hora de la verdad, hagan lo mismo que los otros, pues claro, esto por principio: si el derecho no es una totalidad concreta, no cabe una presentación dialéctica interna del derecho, ya por noción de dialéctica, de acuerdo con mi opinión. Sólo si lo jurídico es globalizable como una totalidad en sí misma -por eso he aludido antes a la ambigüedad del término “totalidad”-, sólo si se puede reconstruir el derecho como una totalidad concreta, viva, vital, social con otras palabras, cabría un tratamiento interno verdaderamente dialéctico del derecho; si no, sólo puede ser, digamos, mutiladamente dialéctico, en el sentido de apuntar hacia donde habría que completar el tratamiento fuera del derecho.

No me pronuncio sobre eso. Sólo digo, he dicho, las dos cosas en condicional. Si cabe una concepción de lo jurídico como concretum, que se decía en la tradición filosófica, como cosa, no como parte de cosas, entonces sí, cabría un tratamiento dialéctico en el sentido en que entiendo la palabra, el cual, por supuesto, no sería operativo en el mismo sentido en que lo puede ser la articulación de una lógica jurídica, según el viejo ideal de los primeros que hicieron lógica jurídica (para reproducir la producción de sentencias o incluso la creación de derecho, según la escuela jurídica que hable), pero esto por noción misma de dialéctica. O se hace estudio positivo y entonces no cabe más que otro tipo de dialecticidad, a saber, la dialecticidad de la actividad del que la está haciendo, que eso sí que es un todo, su vida, su acción, pero el producto mismo no. No digo más: la situación sería ésa si no es el derecho mismo una totalidad concreta.

12. Más allá del Wittgenstein del Tractatus: la vida.

Querría concluir recogiendo una alusión histórica (porque los ejemplos no sólo se vengan de mí, se vengan de quien los diga), el ejemplo de Wittgenstein y Cerroni. Los ejemplos se vengan siempre, evidentemente, porque Wittgenstein se calló al final del Tractatus: se pasó un año y medio haciendo escuela primaria en Austria y a continuación empezó a hablar y ya no hubo quien lo parara hasta que se murió. ¿Por qué? Porque efectivamente llegó al silencio sobre la base de admitir que el único ideal era la operatividad en ese sentido positivista. Mientras él mantuvo como ideal la operatividad positivista, la verificación estricta, muy bien, ya no quedaba luego más que el silencio; cuando Popper y sus demás colegas, le demostraron que no había no ya sólo experimento crucial posible sino ni siquiera verificabilidad empírica posible, entonces el hombre se quitó la represión que, por hablar en términos freudianos, se había metido encima, y empezó a charlar como un condenado y a tocar el órgano en todas las Iglesias de Londres en que le dejaban y a leer novelas policíacas sin parar. Descubrió la vida finalmente, una vez que le hubieron destrozado el principio de verificabilidad que sostiene el Tractatus y se convirtió en ese enorme charlador de las Philosophical Investigations, de Los cuadernos azul y marrón, en los que va hablando de lenguaje real, no de lenguajes ficticios.

¿Por qué? Porque evidentemente ya no le importaba, ya sabía que la operatividad no es una cosa accesible sino también un desideratum y sabía que ese desideratum sólo es realizable en un tipo de investigación que no da para vivir. Bueno, puede dar para vivir, en el sentido en que pueda dar para vivir el presupuesto del Estado a través de las instituciones académicas si uno es profesor de lógica, desde luego. La operatividad total le da para vivir a través de un sueldo de catedrático de lógica, pero no para vivir en un sentido más serio, en un sentido más completo, no de la comida sólo. Una vez que Wittgenstein supo eso, dejó de buscar operatividad. Ha sido todo lo contrario, el resto de su obra es una cruzada contra la idea de operatividad en el sentido estrecho, exagerada, en mi opinión, porque lo que se ha probado es que la operatividad de la que tan orgullosos andaban los neopositivistas por los años treinta es simplemente un ideal, igual que lo es el del pensamiento dialéctico, una aspiración.

13. Contraposición de ideales.

Entonces la contraposición entre los dos ideales arroja un resultado claro: el de operatividad científico-positiva pura, ¿qué sería? El de obtención de la mayor comprobabilidad de los conocimientos particulares, mientras que la aspiración dialéctica no es ésa sino la de máxima totalización de los conocimientos particulares en una integración. Empiezan por no ser incompatibles; si se ponen como incompatibles es que alguien está negando, sectariamente si es un dialéctico, que tenga valor la exactitud del conocimiento particular, o está negando, mezquinamente si es un positivista, que tenga valor el intento de globalizar la visión de la realidad. Pero eso son negaciones que no tienen una base teórica. Tienen una base ideológica; cuando han tenido vigencia, su vigencia ha sido la de la lucha de clases. Ha sido, por ejemplo, la de los semánticos norteamericanos en 1939, luchando desesperadamente porque Roosevelt no entrara en guerra contra los nazis arguyendo que el concepto fascismo no es operativo porque no es verificable la proposición “x es fascista”. Pero claro, esto es ya pura lucha de clases, no es diferencia científica entre las dos aspiraciones.

Esta fue, pues, la respuesta de Sacristán sobre método y dialéctica, intervención que finalizó con las siguientes palabras: “Esto digo en conjunto sobre los temas que suscitaba mi colega. No sé quien ha levantado la mano antes”.

Se levantaron más manos y una de ellas solicitó más aclaraciones sobre la dialéctica y “sus límites”. El diálogo, algo tenso en algún momento, condujo a las tesis de Feuerbach y a referencias poco contrastadas y a citas usadas como argumentos conclusivos.

Pero, sin duda, estas derivadas son asuntos de otras temáticas.

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1 Anotaciones fichero “Dialéctica”. Reserva de la Biblioteca Central de la Universidad de Barcelona, fondo Sacristán

2 Está anunciada su publicación en Manuel Sacristán, Sobre dialéctica. Montesinos, Barcelona (en prensa). Prólogo de Miguel Candel, epílogo de Félix Ovejero y nota final M. Monleón (edición de Salvador López Arnal).

3 Si el lector quiere oír algunas de sus conferencias más célebres, experiencia que recomiendo si ninguna vacilación, puede ir al cuarto DVD –el que contiene la magnífica película “Giulia”- de Xavier Juncosa, Integral Sacristán. El Viejo Topo, Barcelona, 2006. Son cinco las conferencias que aquí se recogen.

4 Lo que sigue es un resumen de mi contribución (y la de Joan Benach) al volumen colectivo: El legado de un maestro. Papeles de la FIM, Madrid, 2007.

5 Sobre la noción, dos grandes ensayos de la tradición marxista: Carlos Fernández Liria, El materialismo. Editorial Síntesis, Madrid, 1998 y Juan Pedro García del Campo, Opaco, demasiado opaco. Universidad de Cádiz, Cádiz 2007. Aún siendo innecesario, diré para el lector no filósofo que ambos son, en mi opinión, de las mejores cabezas filosóficas del país.

6 Entre paréntesis comentó Sacristán: “Los ejemplos, como decía Zubiri, se vengan porque Arquímedes no decía método, sino épodo, pero es igual, es una pura variación etimológica de la preposición, no del sustantivo básico que es hodós, ‘camino’.

7 El Sacristán profesor, que aspiraba siempre a ser entendido y por todos (y más en este caso que supo que el público estaba formado en su gran mayoría por no filósofos), estableció un diálogo con los asistentes:

MSL: ¿Esto lo tenéis presente de la enseñanza media, recordáis que se hablaba del método? A ver, alguien que recuerde esto: en el bachillerato, en mis tiempos, solían enseñar tres métodos de resolver sistemas de ecuaciones, ¿quién tiene presente esto fresco? Si sois de primero, lo tenéis que tener fresco. ¿Alguien lo tiene fresco o no?

Estudiante: Igualdad

MSL: ¿Y cómo la llamabais? Di toda la palabra, qué de igualdad. ¿No decíais “método de igualdad”? Decíais “método” y eso es una serie de operaciones, el de igualación, es decir, se coge una...

Otro estudiante: El de sustitución.

MSL: El de sustitución, etcétera, el de igualdad o de la igualación lo recordáis: coger, igualar dos expresiones que pertenecen a dos de esas ecuaciones, por ejemplo.

8 Otro diálogo con un asistente que reconstruyo con alguna duda nominal cuya aclaración y probable rectificación agradecería enormemente:

Estudiante: No será Lefebvre.

MSL: ¿Quién, perdón? ¿Lefebvre, el filósofo? No, no. Me refiero a uno que se llama Lenéuve [SLA: Tengo inseguridad sobre el nombre], que es de un grupúsculo muy frenético que anda por París y procede del grupo Bourbaki. Pero cuidado aquí. Yo cometo el error pedante de hacer el detalle del oficio pero tú cada vez me coges en la trampa porque debes ser tan pedante como yo y entonces ya me hundes hasta el fondo; quiero decir, tú llevas detrás bastante lectura y entonces eso te hace interesarte por temas, como me hace interesarme a mí por detalles, en los que somos injustos con gran parte del auditorio que tiene, aproximadamente, treinta años menos que yo y algo así como cinco o seis menos que tú y quizás de lecturas más. Entonces hay que tener ojo (Me arrepiento mucho de habérselo criticado a él porque era a mí a quien tenía que haberme criticado el haber dicho el detalle, y es el vicio del ejemplo que es un vicio, muchas veces, de pura erudición.

9 Sobre este punto, véase el capítulo final de Manuel Sacristán, Lógica elemental. Vicens Vives, Barcelona, 1996 (edición de Vera Sacristán Adinolfi).

10 Sobre Cerroni, comentó Sacristán: “(…) yo diría que cuando los autores jurídicos, dejando aparte a Cerroni, el cual puede seguir diciendo lo mismo porque él en su preparación no sea de verdad un jurista. Esto es la maldición del filósofo tal como los filósofos nos hacemos en la cultura burguesa. Como he tenido ocasión de decir alguna vez, con grave indignación de mis colegas, los filósofos somos especialistas en nada, literalmente; por la obligación de hablar más o menos de todo, el gravísimo riesgo es no hablar concretamente de nada. Puede ser que Cerroni sea más filósofo que jurista, esta es mi particular convicción. Resultado: en su vida hará trabajo jurídico sistemático. Se pasará la vida hablando de metodología y de filosofía del derecho. Yo no espero nunca un libro de concepción de derecho positivo de Cerroni -lo que es decir, implícitamente, que es muchísimo más filósofo que jurista-, ni de derecho positivo existente ni de derecho positivo-ficción, por así decirlo, es decir, anticipativo”.


LOS OTROS TEXTOS DE LA POLÉMICA:

( Crítica a "Razón y Revolución" de Alan Woods y Ted Grant)(AWTD) La ciencia mal-tratada (http://www.rebelion.org/docs/60179.pdf ) Manuel Martínez Llaneza

( Crítica a "La ciencia mal-tratada" de Manuel Martínez Llaneza) Del "análisis" de casos a la ocultación de los principios (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=60228) Félix Monasterio-Huelin Maciá (09-12-2007)

Crítica de la crítica precipitada (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=60241) Salvador López Arnal (10-12-2007)

Más críticas a una crítica muy precipitada (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=60329 ) Salvador López Arnal (11-12-2007)

Confesiones al hilo de una crítica chismosa (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=60450) Manuel Martínez Llaneza (14-12-2007)

Entre barcos a la deriva, una deriva entre barcos. Reivindicación de la síntesis. Félix Monasterio-Huelin Maciá (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=60500), 15-12-07.

Cinco consideraciones y una coda final con tres compases irritados . Salvador López Arnal (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=60548).

La inanición de Gödel, y los unicornios azules. Juan Hurtado (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=60800).

Las palabras, los conceptos y sus dueños, Salvador López Arnal (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=60851).

Doctrinarios y barcos a la deriva, Ricardo Rodríguez (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=60934).

Un matiz sobre cosmovisiones, Salvador López Arnal (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=60949).

El retorno del viejo topo socialista

Carlos Rivera Lugo
Claridad

La madrugada es la región más Che Guevara de los sueños. Daniel Viglietti.

A finales de noviembre, estuve en México para participar de la Segunda Conferencia Latinoamericana de Crítica Jurídica, efectuada en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), bajo los auspicios de su Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades y la revista latinoamericana Crítica Jurídica. Tuve el honor de ofrecer la conferencia inaugural titulada “Democracia y lucha de clases en Nuestra América: La insurgencia de ese saber y ese Derecho muy otro”, en la que afirmé mi parecer de que el Estado moderno atraviesa por un periodo de reestructuración bajo el cual forcejean dos visiones estratégicas.

La primera, expresión del proyecto neoliberal, está asentada sobre una “democracia” elitista, donde lo democrático se devalúa para reducirse al gobierno de los políticos y empresarios, los protagonistas privilegiados del mercado, y donde el pueblo es reducido al papel de mero rebaño manipulable. Y en la medida en que el pueblo genera resistencias cada vez mayores frente a los propósitos hegemonistas del neoliberalismo, éste provoca una especie de “guerra civil legal” mediante el establecimiento de unos regímenes cada vez más autoritarios de control de la ciudadanía. El estado de excepción resultante va suspendiendo trozos enteros del Estado de Derecho moderno, para implantar un Estado de facto en defensa de los crecientemente asediados intereses del capital. Es el Estado a modo de dedo ordenador de Dios, imponiendo desde arriba su voluntad.

Frente a la visión neoliberal, se erige en la alternativa una propuesta de reestructuración radical del Estado, en la forma de una ampliación significativa del marco de lo que hasta hoy se ha conocido como democracia. Bajo ésta, el Estado debe refundarse, encarnarse en la gente y hacerse más fluido como las nuevas formas ampliadas y desbordantes que asumen en estos tiempos las resistencias sociales frente a los intentos del capital de subsumirlo todo bajo sus lógicas trituradoras. Retorna el sujeto político, transfigurado, consciente de su singularidad, lo que no es óbice para que lo común vuelva a constituir un espacio articulador de nuevas formas de organización de lo social, económico y político. Conforme a ello, se está viviendo en lo que va del nuevo siglo una nueva vuelta de tuerca histórica que empieza a instituir nuevas realidades que si bien aún contradictorias, no son por ello menos promisorias. El mundo se vira al revés, para reconstituirse desde abajo por los de abajo.

Luchas antisistémicas

México constituye un buen ejemplo del anterior marco de comprensión sobre la actual coyuntura política en Nuestra América. En estos instantes se denuncia el agresivo rumbo que lleva el gobierno de facto del presidente Felipe Calderón hacia un Estado policiaco, a modo de homologación del Estado de Derecho mexicano al estado de excepción impuesto en Estados Unidos por su aliado norteño George W. Bush. Incluso, en estos días el Subcomandante insurgente Marcos denunció, en el marco de un Coloquio sobre movimientos antisistémicos que se celebraba en San Cristóbal de Las Casas, en Chiapas, el arreciamiento de la represión del gobierno mexicano y grupos paramilitares contra el movimiento zapatista. “Como hace tiempo no ocurría, nuestras comunidades, nuestras compañeras y compañeros, están siendo agredidas”, dijo.

“Quienes hemos hecho la guerra sabemos reconocer los caminos por los que se prepara y acerca. Las señales de guerra en el horizonte son claras”, advirtió el líder zapatista. De paso se quejó de cierta izquierda institucional que se ha hecho cómplice de estas agresiones, sea por su silencio o su apoyo sin tapujos a éstas. Al respecto llamó la atención de que “en los últimos años ha cobrado fuerza, en el medio intelectual progresista de México, la idea de que se puede transformar las relaciones sociales sin luchar y sin tocar los privilegios de que disfrutan los poderosos. Sólo es necesario tachar una boleta electoral y ¡zaz!, el país se transforma”. Puntualiza que sólo se podrá derrotar al capitalismo y sus formas políticas esencialmente bélicas a partir de la articulación de una amplia constelación de luchas antisistémicas.

“No se puede entender y explicar el sistema capitalista sin el concepto de guerra. Su supervivencia y su crecimiento dependen primordialmente de la guerra y de todo lo que a ella se asocia e implica. Por medio de ella y en ella, el capitalismo despoja, explota, reprime y discrimina. En la etapa de globalización neoliberal, el capitalismo hace la guerra a la humanidad entera”, subrayó.

Señaló Marcos que no cree en las teorías de la autodestrucción del capitalismo: “Las versiones apocalípticas sobre que el sistema colapsará por sí mismo son erróneas. Como indígenas llevamos varios siglos escuchando profecías en ese sentido... La destrucción del sistema capitalista sólo se realizará si uno o muchos movimientos lo enfrentan y derrotan en su núcleo central, es decir, en la propiedad privada de los medios de producción y de cambio”.

“Las transformaciones reales de una sociedad, es decir, de las relaciones sociales en un momento histórico, como bien lo señala Wallerstein en algunos de sus textos, son las que van dirigidas contra el sistema en su conjunto. Actualmente no son posibles los parches o las reformas. En cambio son posibles y necesarios los movimientos antisistémicos”, abundó el líder zapatista.

“Las grandes transformaciones no empiezan arriba ni con hechos monumentales y épicos, sino con movimientos pequeños en su forma y que aparecen como irrelevantes para el político y el analista de arriba. La historia no se transforma a partir de plazas llenas o muchedumbres indignadas sino, como lo señala Carlos Aguirre Rojas, a partir de la conciencia organizada de grupos y colectivos que se conocen y reconocen mutuamente, abajo y a la izquierda, y construyen otra política”, siguió exponiendo el Subcomandante insurgente para luego concluir: “Habría, creemos nosotros, nosotras, que desalambrar la teoría, y hacerlo con la práctica”.

Un campo de batalla

Leo a Marcos y me confirma la extraordinaria contribución –por no decir paradigmática- del filósofo francés Michel Foucault, a nuestra comprensión contemporánea del fenómeno del poder. Para Foucault, el poder político es una guerra silenciosa que se reinscribe en las instituciones, en las desigualdades económicas, en el lenguaje y en los cuerpos. La sociedad civil toda es, en esencia, un campo de batalla, a través de la cual se despliegan unas relaciones de fuerza dadas que se constituyen, reproducen o transforman localmente.

Superando el ilusionismo jurídico, Foucault nos advierte que como tal el poder se construye, no se toma, es decir, se construye por donde se implanta y produce sus efectos reales, al nivel de los individuos de carne y hueso. Es el poder de la gente para apalabrar y protagonizar su propia historia.

En fin, el poder anida más allá del Estado y del gobierno. Anida en el centro pero también en los márgenes, es decir, en cada parte de la totalidad social. Sólo a partir de la más cabal comprensión de este hecho es que podemos construir sujetos políticos emancipados y articular luchas que sirvan de líneas de fuga hacia la constitución de una hegemonía alternativa. Es a partir de las experiencias vividas que vamos descifrando el verdadero sentido de la historicidad de nuestros actos y entendiendo los rumbos específicos para la realización de nuestros sueños. Y esas experiencias, remachadas por las vividas durante el presente año 2007, nos revelan, como ya dije, una vuelta de tuerca histórica en la América nuestra.

“Hoy recomienza el tiempo de una narración del proceso de liberación”, sentenció recientemente desde Buenos Aires el filósofo político italiano Antonio Negri, proceso de liberación bajo el cual han entrado en escena una multiplicidad de nuevos sujetos y circunstancias que construyen “ese mosaico sobre cuya base se puede volver a contar una historia de liberación que es absolutamente necesaria”.

El viejo topo de la revolución

Dentro del recomienzo que se vive de esa historia de liberación, se trasparencia como motor una lucha de clases, igualmente transfigurada, entre una clase dominante inmensamente rica, globalmente potenciada, y un proletariado integrado por todos aquellos y aquellas que trabajan y son explotados o excluidos y marginados por el orden civilizatorio capitalista. Y dentro de esos forcejeos vuelve a asomar la cabeza ese viejo topo del que nos habló Carlos Marx, “que sabe cavar la tierra con tanta rapidez, a ese digno zapador que se llama Revolución”.

Eso es lo que nos enseñan los actuales procesos de cambios que se viven en Venezuela, Bolivia y Ecuador, donde se da con mayor claridad el retorno del viejo topo del socialismo, aunque igualmente transfigurado al calor de las nuevas circunstancias históricas que nos han tocado vivir en este Siglo XXI. Ahora bien, estos mismos procesos atestiguan el imperativo insoslayable de que si de refundar sociedades se trata, ello se tiene que potenciar en última instancia desde abajo.

El poder desde las cimas del Estado actual es limitado, como se ha comprobado en este año en los casos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Haber alcanzado ser poder constituido, no se traduce automáticamente en poder constituyente. La naturaleza de la gobernabilidad en esta era revolucionaria es la de una red viva de sujetos democráticamente potenciados que condiciona la capacidad de refundación o de reconstituir. El poder constituyente es difluyente, es decir, se ha desbordado a través de toda la sociedad. Allí está el poder constituyente, materialmente hablando, y es desde ese conjunto de relaciones de fuerzas que se refunda. Para ello, hay que identificar y agrupar el más amplio bloque alternativo de fuerzas sociales y políticas que pueda oponerse al bloque de fuerzas que apuntalan el orden civilizatorio capitalista aún vigente.

Las lecciones de la realidad

Esa es la lección del reciente proceso de reforma constitucional en Venezuela. Las circunstancias no se dejan apurar ni se pueden ignorar. “El problema con la realidad, es que no sabe nada de teoría ” , es la sabia admonición de Don Durito de La Lacandona. Pero, indudablemente, de cosas malas se pueden sacar cosas buenas, lo que significa que el proceso revolucionario venezolano se apresta a inaugurar un nuevo ciclo, con una clara conciencia de sus virtudes pero una aún mayor conciencia de sus limitaciones y defectos. Ante éstos últimos, sólo cabe la más decidida acción correctiva para potenciar el bloque de fuerzas que le posibilite relanzar su deseado salto hacia delante para la construcción del socialismo.

En el caso de Bolivia, la derecha pretende obstruir su refundación democrática, mediante el rechazo al nuevo proyecto de Constitución que establecería un Estado y una sociedad plurales desde el punto de vista político, económico, jurídico, cultural y lingüístico. El presidente Evo Morales ha llamado a la oposición a un diálogo, pero ésta le riposta con la puesta en marcha de unos procesos de secesión y desintegración territorial, particularmente en los departamentos de Santa Cruz, Pando, Beni, Tarija y Cochabamba, que pretenden retar la autoridad de su gobierno. Los motivos del lobo son claros: rechazar la inclusión de los indígenas en el nuevo proyecto de país que se forja y obstaculizar la redistribución de las riquezas nacionales hacia los sectores históricamente excluidos.

Como cabeza del poder constituido, Evo Morales reafirma su apuesta por la refundación democrática del país y por someter el diferendo a evaluación del poder constituyente. La lucha que se libra entre el poder constituido y las fuerzas oligárquicas ha sido valorado como un “empate catastrófico”, que sólo puede ser ganada si efectivamente logra el gobierno apuntalarse finalmente en el poder constituyente, es decir, en un bloque amplio de fuerzas populares e indígenas, para seguir avanzando. Parece haberle llegado a Bolivia “la hora de los hornos”, ante la cual se habrá de ver finalmente la luz o le vuelve a arropar las tinieblas.

En Ecuador, ya inició sus trabajos la Asamblea Constituyente que tiene la encomienda de producir el texto de una nueva constitución refundadora del país para mayo del 2008. El presidente Rafael Correa sostiene la iniciativa en torno al proceso y está consciente de que debe mantener a raya a la oposición de derecha si quiere que dicho proceso constituyente culmine exitosamente.

En Nicaragua, luego de un año, el gobierno del presidente Daniel Ortega enfrenta una oposición, desde la derecha, a su decisión de reestructurar radicalmente el Poder Ejecutivo con la creación, por decreto, de los Consejos del Poder Ciudadano (CPC). Para el mandatario nicaragüense y el Frente Sandinista, los CPC constituyen estructuras territoriales de participación ciudadana que aspiran a encaminar el país hacia la “democracia directa” y el “poder popular”. Responden a la idea de que, en última instancia, el pueblo, como soberano, es el presidente, a lo que el Sandinismo se refiere como el “Pueblo Presidente”.

La actual confrontación entre el gobierno de Ortega y la oposición está íntimamente relacionada con la próxima coyuntura electoral de 2008. Según el director de Radio La Primerísima, William Grigsby la batalla electoral que se avecina tiene que ver con mucho más que decidir sobre cabeceras municipales y departamentales: “¡Es mucho más que eso! Va a ser un referéndum sobre la manera de hacer el gobierno. Va a ser una posibilidad de avanzar en la conciencia revolucionaria de la gente. Va a ser la oportunidad de colocar en el debate público los dos grandes proyectos que hay en este país: capitalismo o revolución”.

Según Grigsby, el Sandinismo sólo saldrá triunfante del presente reto en la medida en que se apuntale más y más en la gente: “Incorporando, sometiendo a debate todo, sin importar lo que ocurra. Confiando en la conciencia de la gente. Confiando en la fuerza de la gente. Desatando la creatividad de la gente”.

En los casos de los gobiernos de centro-izquierda en Uruguay, Brasil y Argentina se presenta el reto de articular la deseada profundización de los cambios desde abajo, desde la movilización y articulación cada vez mayor de los movimientos y las organizaciones representativas de las múltiples singularidades contenidas en el nuevo sujeto proletario. El gobierno, aún el que es progresista, es como los frijoles, me dijo recientemente Frei Betto, “solamente funcionan en la cazuela de presión”. Y refiriéndose a la democracia radical y participativa, añade: “solamente la vamos a tener si reforzamos cada vez más un empoderamiento popular, la organización y la movilización de la sociedad civil. Para mi ese es el desafío número uno: organizar, reforzar y movilizar la sociedad civil”.

En fin, si hay algo que ha centrado la atención internacional hacia los procesos de cambio que se escenifican actualmente en Nuestra América, es la esperanza motivada por las múltiples expresiones de un proyecto político y social alternativo cada vez más amplio, que se está forjando en nuestra región. Y éstas, tanto con sus virtudes como con sus imperfecciones, demuestran una vitalidad y autenticidad contundente. El viejo topo ha vuelto a las suyas.

Carlos Rivera Lugo es Catedrático de Filosofía y Teoría del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos, en Mayagüez, Puerto Rico. Es, además, colaborador permanente del semanario puertorriqueño Claridad.

jueves, 13 de diciembre de 2007

Analfabetismo científico en la nueva ‘Era Imperial’

Celia Hart*

El socialismo no es, precisamente, un problema de cuchillo y tenedor, sino un movimiento de cultura, una grande y poderosa concepción del mundo.
Rosa Luxemburgo

La instauración de una ideología única asentada en la nueva forma de producción globalizada y totalitaria con su epicentro en los Estados Unidos de Norteamérica, ha dado al traste con la desarticulación del pensamiento científico de largo alcance generado fundamentalmente por Marx y Engels. Ha reducido su campo de acción a temas aislados en personalidades o academias. Su máxima expresión quedó bautizada como el fin de la historia por Francis Fukuyama, cuando esta monopolización del pensamiento político suponía haber desterrado el materialismo dialéctico e histórico.

Tan rápido han ocurrido los acontecimientos que apenas se ha podido combatir en el plano filosófico esta teoría. La realidad ha superado con creces cualquier comentario; el siglo XXI se abre con un panorama aterrador infestado de guerras, terrorismo y crisis económicas: ya es obvio que la historia recién empieza.

En cuanto a las ciencias naturales, este final de siglo se ha caracterizado por un avance tecnológico sin precedentes, amparado de alguna forma por el poderío de los Estados Unidos. Los descubrimientos e inventos tales como biotecnología, bioinformática, comunicaciones vía satélite, teléfonos móviles, lectores ópticos para equipos de sonido, computadoras de altísima configuración, etc., han generado un descomunal cambio en nuestra forma de vida en los últimos diez años, sin embargo esto no ha conllevado a una mayor riqueza de los conocimientos científicos que soportan estos descubrimientos por parte de los consumidores. Estos conocimientos se atomizan más y más quedando a expensas de minorías. La riqueza de pensamiento, la utilización racional de los recursos del planeta, el compromiso con la supervivencia de nuestra especie está muy distante en estos momentos de verse beneficiada con los adelantos tecnológicos. El oscurantismo y la infravaloración del hombre como ser pensante han sustituido, no sólo los logros de finales del siglo XIX, sino los de la propia Ilustración. El modo de producción capitalista le destina a la ciencia el triste papel de generar artefactos de toda índole, incluyendo los de su propio exterminio, despreciando a la humanidad y al resto de las especies, y ha sumido a las grandes masas en el oscurantismo científico. Si hoy se habla de un 20,3%1 de analfabetos totales, el analfabetismo científico es en EU, por poner un ejemplo, mayor de un 98%2. De ahí que surja todo un conjunto de manifestaciones seudocientíficas para las cuales los adelantos en la ciencia son siempre acicate de especulaciones acerca del más allá y más acá, la visita de hombrecitos verdes, videntes, etc.

Lo pernicioso no es sólo que lo crean grupos de personas, sino que es de amplio uso y se asume con tanta naturalidad, que hasta en muchos lugares es considerado como una rama del saber.

Estas apariciones múltiples responden como decíamos a un sistema globalizador que prefiere que la gran masa se "entretenga" con temas ajenos al poder transformador de la ciencia. Como ocurriera en la Edad Media, donde los libros científicos eran prohibidos, hoy son relegados por las formas mediáticas de las grandes potencias, que apenas dejan poder de elección sobre "el color del cabello o el automóvil del año"3.

Sin embargo, afortunadamente "el materialismo sigue siendo la única filosofía consecuente, fiel a todos los principios de las ciencias naturales, hostil a la superstición y la hipocresía"4.

Estamos de vuelta sin saberlo a la Edad Media. El Dios no es ahora el ente etéreo con el que la Iglesia Católica imponía su poder, sino el Dinero. La sociedad capitalista ha llegado a un punto tan alto de corrupción interna que ha logrado retrasar el proceso histórico. Hemos llegado al oscurantismo de plástico, con altares de Superman y Barbies. La superstición y el idealismo vulgar se adueñan poco a poco de los espacios y el capital al no poder defenderse económicamente por leyes objetivas, han llegado a convertirse en un dogma. Surgiendo así una fase nueva del imperialismo, señalada por James Petras en el evento internacional "Por el equilibrio del mundo" el cual no tardó en enseñar los métodos a través de los cuales piensa imponerse.

Nuestra historia se ha encajonado entre la cúspide del desarrollo capitalista con la imposibilidad probada de renovarse, y un proceso revolucionario todavía estancado, debido al declive estrepitoso del muy mal llamado socialismo europeo. Va siendo evidente a raíz de los últimos acontecimientos, que este proceso renovador toma formas y fuerzas insospechadas, respuesta dialéctica a los nuevos y alarmantes tiempos.

La superstición postmoderna encarna entonces al Dios Capital. Siguen en pie —por fortuna— los clásicos de la teoría socialista para poder buscar algunas referencias necesarias.

No encuentro entonces asunto que requiera mayor interés y preocupación para los profesionales de las ciencias y para los que se dedican de una u otra forma a entender los problemas sociales relacionados con ésta, que no sea la incultura científica por no decir el analfabetismo científico de la mayoría de los habitantes racionales del planeta. Esto ha conducido a dos graves peligros: por un lado el desprecio hacia todo lo que no sea un producto de consumo y con ello, la indeferencia hacia el equilibrio natural y por el otro el resurgimiento vivaz de la seudociencia.

El crecimiento de los productos de consumo como consecuencia directa de los móviles que hacen crecer las fuerzas productivas, ha empujado a la humanidad hacia un abismo, sobre todo después de la desaparición del campo socialista y sus perspectivas al menos teóricas del desarrollo de un mundo equilibrado. Los umbrales del nuevo milenio nos acechan con una carga de artefactos que se nos convierten en imprescindibles para la vida cotidiana, sin poder hacer nada al respecto, y sobre todo sin asumir la mínima responsabilidad de conocer el origen milenario de estos prodigios, incluyendo al propio hombre.

De tal suerte que no sólo nuestra supervivencia corre gran riesgo, que ya es bastante, sino que seremos capaces de aniquilar toda conciencia, todo recurso genético para fabricar una flor, o incluso el fugaz acuerdo de átomos para lograr concebir el agua o el aire. El chiste de mal gusto de que como nuestra estrella el Sol desaparecerá sólo dentro de 5.000 millones de años y por tanto tomemos champaña mientras esto no ocurra, es un macabro símbolo de que apenas nos preocupamos por el destino del planeta en unos cien años.

Una bolsa de plástico, de esas que nos gusta llevar de más en un mercado, tarda en ser absorbida por la frágil estructura de la naturaleza un millón de años cuando menos; producir bolsas de papel es más caro para las empresas, pero más económico para el débil equilibrio de nuestro entorno al ser perfectamente compatibles con él. El calentamiento global, los arsenales nucleares —por desgracia no concentrados precisamente en Iraq—, las lluvias ácidas, la erosión del suelo, la deforestación tropical, la reducción de la capa de ozono, etc., tienen un matiz ideológico ante todo. El habitante promedio de la Tierra tiene el deber, y no sólo el derecho, de saber la responsabilidad que contrae al ser morador de un hogar común. Sobre todo la población que posee al menos la posibilidad física para informarse al conocer los rudimentos de la cultura (saber leer, escribir, sacar cuentas). Por ejemplo, nadie admite hoy por hoy la ley del talión, ni la esclavitud legal, ni el abuso sexual con niños, ni siquiera que el vecino tire el cubo de basura en nuestro hogar por desconocimiento. De igual manera el ciudadano común puede ser capaz, mediante la cultura científica, de cuidar el mundo no humano circundante por un mecanismo de supervivencia elemental, ausente hasta ahora. Pues bien, hemos llegado al final de estas jugarretas y esta adolescencia irresponsable. Más allá de cualquier comentario soez, el sol se apagará en un tiempo finito, ya no hay tiempo, ni siquiera gracias a los miles de millones de años que tardará nuestro astro en colapsar. Es urgente que la sociedad humana rebase los límites abrumadores de su desprecio para con la Naturaleza. La única clave para esto es vencer el analfabetismo científico, crónico precisamente en el país que más utiliza la ciencia para consumir. Sería un acto verdaderamente heroico y de trascendencia universal, que los hombres de ciencia del mundo dedicaran a la vez su sabático a instruir rudimentariamente a la población norteamericana, intoxicada con sus propios venenos y adormecida con sus propias drogas, víctima número uno del oscurantismo postmoderno. Las encuestas realizadas en ese país, relacionadas con los últimos acontecimientos del mundo, revelan ante todo que ese país, receptor otrora de los grandes progresos científicos, está sumergido en la niebla de la incultura. Están padeciendo el más brutal daño a sus conciencias, inhabilitándolas para tomar decisiones referentes a su propio futuro. La incultura en la ciencia es tan grave como la incultura política, sobre la cual ya se ha referido en muchos textos.

Muchos padres, por ejemplo, creen "cultos’’ a sus hijos porque conocen una ópera de Verdi, pero les es indiferente que sepan que Galileo Galilei descubrió las herramientas de la experimentación moderna. Experimentar, razonar y sacar conclusiones coherentes es un hábito de la ciencia. Si se pierden estos mecanismos se perderá tal vez el arma más poderosa que nos llegó del Renacimiento.

Según mi parecer, el analfabetismo científico y cultural es hoy por hoy el flagelo primario de la civilización. Pues hasta que no logremos superarlo, hasta que la gente que logra entender algo o al menos ver la sacrosanta televisión, no comprenda en qué punto del espacio y el tiempo estamos y cuáles son nuestras opciones para el futuro, no creo que se superen las cifras vergonzosas, dementes y tristes de padecimiento social, sobre las cuales tratamos de trabajar, no muchos, inspirados en el lema de que un mundo mejor es posible. Ese lema, incluso, supera las barreras del optimismo. Un mundo mejor, al menos distinto, es necesario, es una urgencia y no una gentil aspiración.

La especie humana es una más de las que han habitado nuestro hermoso y paradójicamente milagroso planeta. La naturaleza dota a cada especie de vías de supervivencia. La selección natural la ayuda a sobrevivir o la extermina por incompetente. Los hombres estamos acá hace apenas un millón de años, muchas especies han durado 10 o 100 millones y fueron barridas sin necesidad de armas de exterminio en masa. Sólo por no lograr adaptarse a la Tierra. A los mamut los dotaron de gran tamaño, a las serpientes les dan veneno, a la rosa, espinas... a nosotros la inteligencia. Si esta inteligencia no es suficiente para cumplir su cometido, estamos de más aquí. Lo aterrador es que todo puede irse con nosotros. Si no cambiamos el mundo pasaremos al recuerdo de un universo sin memoria. Bien valdría la pena entonces, construir el arca del recuerdo, propuesta por el Premio Nobel de Literatura García Márquez cuando la cumbre mundial de 1986.

Según dice Petras, "Bush es un fundamentalista cristiano quien, para horror de la comunidad científica, proclama la historia bíblica de la creación en forma literal mientras fustiga las bases del conocimiento científico sobre la evolución como se enseña en escuelas secundarias y universidades"5. Pero George W. Bush no es cualquier presidente. Es el presidente del país más poderoso del universo conocido; dueño de las más altas tecnologías y dictador mundial de normas de conducta. Pasa su enorme tiempo libre (libre?) jugando, tal vez mintiendo y, entonces ¿quién va a civilizar a quién? ¿Quién está civilizado realmente?

No sabremos nunca, como diría Carl Sagan, hasta qué punto la ignorancia contribuyó al declive de la antigua Atenas, pero las consecuencias del analfabetismo científico son mucho más peligrosas en nuestra época que en cualquier época anterior. La humanidad está demasiado cerca de los productos de la ciencia, pero demasiado lejos de entender su trascendencia, peligros o beneficios de ésta.

Los eruditos de hace siglos, encerrados en un monasterio europeo, eran prácticamente los únicos que accedían a leer el latín o el griego, lengua que cobijaba todo el saber hasta entonces. Ellos impusieron así el temor a Dios y explicaciones complejas para la vida y la muerte. Pues bien, hoy en día toda la ignorancia, estupidez, banalidad y hedonismos, se encuentran en una maravillosa cajita de colores chispeantes llamada televisor. Cualquiera que se sienta a verla y observe señoritas elegantes o caballeros con corbata diciendo esto o aquello con frases hermosas, dirá "¿qué sentido tendrá que mienta la cajita?". Y de paso entre mentira y mentira le hace comprar a este inocente espectador, un dulce rico en colesterol, o una bebida o un cigarrillo de labios de una dama sugerentemente sana, que sin apartar el humo de su rostro murmura de manera inconexa e hipócrita "Fumar o beber en exceso dañan su salud".

La opinión reveladora de Albert Einstein, uno de los humanistas más grandes del siglo XX, y a la vez el sello científico del pasado siglo, dijo al respecto: "Finalmente los medios de comunicación —como los procedimientos de reproducción de la palabra impresa y la radio, que, unidos a las armas modernas, han hecho posible que los cuerpos y las almas se hallen bajo la servidumbre de una autoridad central— constituyen una tercera fuente de peligro para la humanidad"6. La experiencia aterradora de lo que logran este juguete y los medios de comunicación, se ha demostrado, por poner un ejemplo sencillo, en la República Bolivariana de Venezuela: en un país donde la inmensa mayoría quiere una cosa, en este caso a su presidente, la cajita de colores se lo negaba impunemente. Los medios de comunicación inescrupulosos se han convertido en el arma de exterminio masivo para la conciencia humana.

La responsabilidad por nuestro hábitat se reduce entonces a un par de eventos científicos y a protocolos inaccesibles, que firma el que le apetezca, y por suerte al movimiento ecologista Greenpeace, al que ni apoyan, ni escuchan y andan como bomberos sacudiendo las llamas de cualquier carguero que vierte petróleo en el mar. Movimientos como estos deberían jugar el papel decisivo en cuanto a guerras, convenios, etc, pero se les considera apenas unos filántropos cuidando ballenas.

Vivimos en un mundo extraviado, hay que volver atrás para averiguar dónde torcimos el camino. La cultura científica y el compromiso de especie, no ya de clase, son los resortes de nuestra supervivencia.

La otra consecuencia del analfabetismo científico es el resurgimiento de la seudociencia. Me voy a referir al crecimiento de esta tendencia en el mundo y en Cuba, por ser similares en lo esencial.

Seudociencia es como indica su prefijo "ciencia falsa". Es evidente que por sí sola, todos trataríamos de combatir la ciencia falsa. Sin embargo, ¿cómo sabremos frente a un nuevo descubrimiento o aplicación científica si se trata de una charlatanería? Este empeño no debe ser sólo para los científicos de profesión, sino para todo público que aspire a ser culto. Veamos un par de ejemplos:

La pirámide —como conoce un escolar de secundaria— no es más que un arreglo geométrico de puntos en el espacio. Nuestros antepasados, tanto en Egipto como en Centroamérica configuraron tumbas y altares en forma piramidal. Ahora, al cabo de más de mil años, se pretende que la pirámide exhiba una misteriosa energía. Pero no por alguna fuente o generador, sino per se. Por el hecho geométrico de ser una pirámide y no un cubo, o una esfera. Esa energía además, es la responsable de afilar cuchillas gastadas, mantener frescos los alimentos, y aliviar el dolor. Desde la trinchera de las ciencias naturales y la experimentación rigurosa hay vías más que concluyentes para reducir a la nada estos argumentos7; aun así son de amplio manejo por el público, y hasta encuentran espacio en diferentes órganos de comunicación8. El método científico, herramienta indispensable para cualquier investigación que aspire a ser científica, exige la realización de observaciones desprejuiciadas y repetibles, la posterior proposición de modelos teóricos que unifiquen estas observaciones, y la explicación de nuevos fenómenos mediante dichos modelos teóricos, mejorándolos o desechándolos críticamente si entran en contradicción con los nuevos hechos. Por otro lado los rudimentos de la dialéctica, (es decir la polémica, el escepticismo que debemos anidar en nuestra mente cada vez que analicemos un nuevo dato experimental), bastaría en muchos casos para dudar de las conclusiones de dichos "experimentos". Desgraciadamente muchos encuentran en la fraseología científica una ayuda como la palabra "energía" y así arreglan "energía piramidal". Energía en la más burda de sus acepciones, con ésta basta, no es otra cosa que la medida común de las diversas formas de movimiento de la materia. En su uso práctico la energía está asociada a un sistema concreto. De esta forma se habla de energía mecánica, electrostática, magnética, etc. Cobra importancia práctica este vocablo cuando tiene apellidos. Pero "energía piramidal" ni se define ni puede definirse. Utilizan indiscriminadamente el cuerpo conceptual de la ciencia y mezclan categorías de una cosa con otra, algo como "psicología de una calabaza" o mejor como el llamado"realismo socialista", que al cabo ni era socialismo, ni era real.

Con los conceptos de las ciencias naturales resulta especialmente peligroso, pues el manejo del público sobre estos términos es pobre, y el afán de vivencias extrasensoriales sin embargo es muy grande, avivado en buena medida por programas inescrupulosos de televisión y video.

Es curioso cómo se vetan películas para determinadas edades por perniciosas y sin embargo muchos documentales e incluso películas infantiles que abordan temas seudocientíficos se conciben como entretenimiento. Es como si mentir en ciencia fuera gracioso y sépase que aparto de esto los trabajos excelentes de la ciencia-ficción que tratan con cuidado a la ciencia y sólo exponen como hecho lo que está en el lindero del conocimiento. Imagínese usted que en algún trabajo serio se comunicara que la Comuna de París se efectuó en realidad en Australia y que los obreros que tomaron el poder eran canguros disfrazados. Por el respeto que le tenemos a la verdad histórica no nos conformaríamos hasta culpar a los tendenciosos que se arrogan el derecho de falsear la historia para salir por televisión.

Con la ciencia no es así. Con tranquilidad escuchamos los cuentos de abducciones por extraterrestres, videntes, cucharas dobladas por energía psíquica, etc.

Se han publicado y difundido ampliamente "trabajos" sobre los beneficios de la energía piramidal9. En este caso si le colocan una pirámide en la cabeza usted, no sólo aliviará su dolor de muelas, sino que de paso, como para salir feliz del dentista, conseguirá más potencia sexual.

Aceptar sin dificultad esta suerte de engaño no es solamente papel de los científicos de la naturaleza, sino de especialistas en filosofía: A partir de las extraordinarias herramientas metodológicas propuestas fundamentalmente por Engels en Anti-Dühring y Dialéctica de la naturaleza, hace siglo y medio bastaría para invitarnos a la duda. Porque si una margarita de primavera es capaz de curar el cáncer avanzado, desahuciado por los citostáticos o las infecciones óseas resistentes a los más sofisticados antibióticos (fruto del estudio cuidadoso y audaz de miles de especialistas en el mundo), entonces la margarita pasa de la categoría de" medicina alternativa" a la de un milagro. ¿Es riguroso decir que es ciencia algo que no pasa el más grueso tamiz del método científico?

El Ministerio de Cultura y la UNEAC, en sus productivos congresos, han atacado la seudocultura como veneno para la población, la seudociencia debería tener el mismo destino. Porque la ciencia es parte medular de la cultura de un pueblo.

No explicar la ciencia al pueblo es perverso. Dañar el implemento del método científico es dañarle a la humanidad sus sentidos para percibir la naturaleza.

El antídoto para el oscurantismo y superstición posmodernos, es la difusión de la ciencia. Es urgente que el mundo prevea su futuro. Debemos enseñar a los jóvenes el escepticismo (no confundir con la falta de confianza), que emana de la dialéctica. De otra forma la gente habrá perdido la capacidad de establecer sus prioridades aferrados a los cristales mágicos, y pirámides y consultando nerviosos los horóscopos, incapaces de discernir entre lo que les hace sentir bien y lo que es cierto, nos iremos entonces deslizando casi sin darnos cuenta en la superstición y la oscuridad.

Gramsci nos señala: "Hay que observar que junto al incognoscible metafísico (...) la superstición científica lleva consigo ilusiones tan ridículas y concepciones tan infantiles que la misma superstición religiosa queda ennoblecida" y continúa "hay que poner en obra varios medios [contra la superstición], el más importante de los cuales tendría que ser un conocimiento mejor de las nociones científicas esenciales divulgando la ciencia por obra de científicos y estudiosos serios, y no por medio de periodistas omniscientes y autodidactas presuntuosos".

Y continúa, "en realidad como se espera demasiado de la ciencia, se la concibe como una especie de brujería superior y por eso no se consigue valorar con realismo lo que la ciencia ofrece concretamente’’10.

La ciencia es más que un cuerpo de conocimientos dispersos; es ante todo una forma de pensar. Quizás la forma de pensar de la ciencia sea, por sus propias condiciones, de las más útiles. La ciencia, filosofía y poesía nacieron de alguna manera juntas en la figura de Aristóteles. La dispersión actual de las disciplinas del saber, atenta también contra la cultura general y el hábito de utilizar la lógica en los razonamientos. Estamos padeciendo esos embates. Invitaría a la risa, si no fuera dramático, los conceptos arrancados de las viejas tiras cómicas con que se abandera la "guerra" contra Iraq. Después de la tragedia humana por las muertes y la indefensión de los organismos internacionales, deberemos rezar por el fin del razonamiento humano, desterrado por lemas y frases desarticuladas embrujadas por un misticismo paranoico e infantil. La humanidad debe volver a tener el hábito de pensar.

A pesar del derrumbe del campo socialista de Europa y de muchos modelos específicos; la teoría marxista- leninista está más que vigente. Que yo conozca, afortunadamente el materialismo dialéctico es parte integrante de esta teoría. La seudociencia no es sólo dañina para las ciencias naturales, atenta contra los fundamentos del materialismo dialéctico.

Decía Engels en Anti-Dühring: "La dialéctica es la forma más importante de pensamiento para las modernas ciencias naturales, ya que es la única que nos brinda una analogía, y por tanto el método para explicar los procesos de desarrollo en la naturaleza, las concatenaciones en sus rasgos generales y el tránsito de un terreno a otro de investigación"11.

Faltarle a la dialéctica y a la concepción materialista del mundo es faltarle a nuestro propio futuro. No estoy incurriendo en dogmatismo. No se me escapa que estos textos fueron escritos hace dos siglos, que la ciencia ha avanzado vertiginosamente, aun así cualquier interpretación de la naturaleza se apoya en gran medida en estos fundamentos.

Al público ávido por naturaleza de expectativas, suminístrele ciencia de veras. Maravíllelo con los avances en Astronomía y en Física atómica, hágale partícipe de las encrucijadas en que estamos en cuanto a la interpretación de muchas cosas. Y así comprometa a la humanidad con los destinos del universo y de ella misma.

No hay hombrecito verde, pirámide o vidente que compita con el asombro que contiene las bases de la mecánica cuántica, los sistemas complejos, la lucha sin cuartel por unificar la física, los misterios alucinantes del mecanismo genético, la clonación y otras muchas maravillas que superan con creces las mediatizadas y viejas teorías seudocientíficas

Y aún así, si otros, hablando en nombre de la espiritualidad, piensan que la ciencia nos deja seco el corazón, para tener fe en la superación del hombre y que es sólo asunto de números y mente fría, puedo asegurarles que no hay sentimiento que convoque más a nuestro espíritu, que la suprema felicidad, humildad y fascinación al saberse parte de un universo que nos contiene con el mismo amor que a las estrellas y a los electrones. Y que esta unidad es diversa, pero cognoscible y armoniosa. No en balde dijo Martí que donde encontraba poesía mayor es en los libros de ciencia, en la verdad y música del árbol en el cielo y su familia de estrellas’’12.

La poesía verdadera encuentra estímulo en la ciencia verdadera. Porque nunca habrá belleza sin verdad.

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* Laboratorio Superconductividad IMRE – Facultad de Física Universidad de la Habana.

1. Unesco 2000 (www.unesco.org.cu).

2. Carl Sagan, El mundo y sus demonios, editorial Planeta, 1997: 23.

3. Ignacio Ramonet, Propagandas silenciosas, Ediciones Especiales 2002,16.

4. V. I. Lenin, Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo. Prosvessania, (3),1913: 1.

5. James Petras, Genocidio y vida cotidiana en Estados Unidos, http://www.jornada.unam.mx/026a1mun.php?origen=index.html

6. Einstein, De mi vida y mi pensamiento, Dante/Quincenal,1984 :41.

7. Arnaldo González Arias, ‘Falsas energías, seudociencia y medios de comunicación masiva’, Revista cubana de Física, Vol. 19, Nº 1, 2002, pág. 68.

8. ‘Los Misterios de la pirámide’ Granma, 14 de febrero de 2001:2.

9. Tratan afecciones estomatológicas con energía piramidal, Agencia de Información Nacional (AIN), Pinar del Río, 14 abril de 2002.

10. Antonio Gramsci, Antologia, Siglo XXI, 1978: 355.

11. Federico Engels, Anti-Dühring, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1961: 33

12. José Martí, Obras Escogidas (III), La Habana, editora política, 1981:496.